Villafranca del Bierzo

   Es la capital histórica y cultural del Bierzo. Sus antecedentes históricos , desde el siglo X, son innumerables. En el siglo XII, la mitad de la población de la villa estaba compuesta por francos, extranjeros de toda Europa. Así se explica el talante de moderación y sensibilidad que han gozado desde siempre sus habitantes. Los Monjes de Cluny III, verdaderos promotores del Camino Francés, fundan el priorato de Santa María de Cluniaco y se ocupan ya de las viñas. Seis años antes del descubrimento de América, los Reyes Católicos instauran el Marquesado de Villafranca. El segundo marqués (1494-1553) fue virrey de Nápoles y la villa giró desde entonces con la política del Estado. En la actualidad es "Conjunto Histórico Artístico Nacional".
   La arquitectura, religiosa, civil y militar, está representada ampliamente. La trama urbana, basada en las edificaciones de los siglos XV al XVIII, se halla casi intacta. Calles estrechas, algunas empedradas, muradas y generalmente, en cuesta, lucen, junto a iglesias monumentales y palacios blasonados, una arquitectura popular de gran simplicidad y belleza. En otoño, la pátina de ocre y oro que envuelve  a la villa cuando la tarde declina posee el mismo tono de color de las inmediatas y suavemente onduladas laderas de sus viñedos.

   Villafranca del Bierzo está en el Bierzo. Bellísima comarca de 2,900 km2, situada en el extremo occidental de la provincia de León. Limita al Norte con Asturias y al Oeste con Galicia. Es comarca de transición, pero de una gran personalidad.
   Etimológicamente, BIERZO viene de Berg-idum , territorio montañoso. En efecto, la comarca está rodeada de un circo de montañas cuyas altitudes están comprendidas entre los 1.200 y 2.000 metros sobre el nivel del mar. En el interior, hay también numerosas elevaciones - de 600 a 1.000 metros - que forman entre sí valles y vallinas de tan pasmosa singularidad que resultan ser auténticas minicomarcas naturales. Por ellas discurren ríos y arroyos de aguas cristalinas, que vierten sus aguas al Atlántico a través del río Sil, al que , hasta hace bien poco, las oreanas cribaban sus placeres y extraían pepitas de oro.